Dos inventores chilenos desarrollaron un biofiltro vivo que limpia el aire tras la quema de leña y de biomasa, que generan contaminación por material particulado.
Las mentes tras esta solución son el técnico agrícola Aníbal Montalva y el arquitecto Miguel Ángel Fernández, que ahora son finalistas del Premio al Mejor Inventor Europeo 2026 en la categoría “Países no pertenecientes a la Oficina Europea de Patentes”.
Su idea nació del problema de la mala calidad del aire en Chile, especialmente en épocas de frío. Recordemos que, en el centro-sur del país, un 72% de los hogares dependen de la leña como principal fuente de calefacción, según cifras del Ministerio de Energía.
Mientras tanto, el sector industrial también genera humo y olores a partir de procesos de combustión, los cuales contribuyen a la contaminación del aire.
Sin embargo, el invento de Montalva y Fernández puede reducir las emisiones de material particulado y los olores en más de un 90%. ¿Cómo? Utilizando plantas y microorganismos que limpian el aire y hacen que el humo desaparezca.
¿Un biofiltro vivo que limpia el aire?
El filtro es, básicamente, una pared de plantas que absorben el humo y limpian el aire. “El sistema funciona capturando los gases desde la fuente emisora (por ejemplo, una chimenea, caldera, horno o ducto industrial) y conduciéndolos hacia un biofiltro vegetal especialmente diseñado“, explican sus creadores en declaraciones a BiobioChile.
Antes de entrar al filtro, el humo pasa por un proceso de conducción y acondicionamiento térmico, para que llegue a una temperatura compatible con la vida vegetal y microbiológica del sistema, es decir, las plantas.
“Luego, el flujo contaminado es inyectado de forma controlada en el biofiltro. Allí atraviesa un sustrato técnico vivo, compuesto por material vegetal, raíces y microorganismos. En ese proceso, el material particulado queda retenido y los contaminantes son transformados biológicamente dentro del sistema“, puntualizan.
El invento recibió el nombre de Filtrovivo® y ya es una marca patentada que busca crecer en el país. Su tecnología, detallan Montalva y Fernández, combina ingeniería, botánica, microbiología, control de caudal y diseño arquitectónico.
Así, el filtro “permite que la naturaleza actúe como parte activa de una solución tecnológica”, y todo esto, con poca energía.
Inicialmente, fue creado para calefactores a leña, pero también puede capturar material particulado generado por otros combustibles y es escalable a espacios públicos, como calles, escuelas y hospitales, así como grandes instalaciones industriales.

¿Cómo funcionaría en casa?
De acuerdo con los expertos, el sistema “es especialmente relevante para el centro-sur de Chile, donde la leña sigue siendo una fuente de energía muy importante para calefacción”.
Cada sistema se diseña según la fuente emisora, el caudal de gases, la temperatura, el tipo de combustible, el espacio disponible y las exigencias normativas del lugar. En el caso de viviendas, puede conectarse a estufas o chimeneas a leña y su consumo energético es bajo.
“No necesita generar calor ni realizar un proceso de combustión adicional. La energía se usa principalmente para mover el aire mediante un extractor y para activar el sistema de riego automático que mantiene vivo el biofiltro. En términos simples, su consumo se parece más al de un sistema de ventilación controlada que al de un equipo de alto gasto energético”, explican.
Como referencia, una instalación residencial estándar puede costar en torno a los $3.480.000 + IVA, pero depende de las condiciones de cada vivienda, el tipo de calefacción, el recorrido de ductos, altura, caudal de humo y espacio disponible.
“Ese valor considera no solo el filtro, sino también la tecnología asociada a su funcionamiento: sistema de captura, conducción de gases, extracción, superficie biofiltrante, estructura vegetal, riego y montaje”, aclaran.
Un sistema chileno que destaca en Europa
Esta innovación chilena llegó hasta el Premio al Inventor Europeo 2026 y los ganadores se anunciarán durante la ceremonia de premiación, el 2 de julio en Berlín, Alemania.
Montalva y Fernández señalan que “es un reconocimiento enorme y profundamente simbólico. Filtrovivo® nace en Chile, desde una problemática muy concreta: la contaminación generada por el uso de leña y biomasa, especialmente en ciudades del centro-sur del país. Ser finalistas demuestra que una solución desarrollada desde este territorio puede dialogar con desafíos ambientales globales”.
Y añaden: “también confirma algo que está en el corazón de nuestro trabajo: la naturaleza no debe ser entendida solo como decoración o compensación ambiental. La naturaleza puede ser tecnología. Puede ser infraestructura. Puede ser parte activa de los sistemas que necesitamos para enfrentar la crisis climática y mejorar la calidad del aire”.



