Especialista UC y cobre récord: “Hay riesgos que son difíciles de revertir cuando bajan los precios”

Para el académico UC, José Joaquín Jara, el actual escenario para el metal “implica valores significativamente por sobre lo esperado para los próximos diez años”. 

El académico de ingeniería de la Universidad Católica, José Joaquin Jara, especialista en economía de minerales y políticas públicas relacionadas al sector minero, analiza que los precios actuales de la libra de cobre sobre US$6,0 libra “son valores significativamente por sobre lo esperado para los próximos diez años”. 

Hay una primera mirada favorable: “Estos períodos son importantes para la industria porque les permiten a las compañías generar ganancias por sobre las expectativas, generar caja para reinvertir en capital de sustentación de sus actuales operaciones y en proyectos de expansión o nuevas operaciones, y pagar dividendos a sus accionistas”, asegura el especialista. 

Pero una visión más profunda, sostiene Jara, “implica dos riesgos relevantes: i) bajas en productividad/aumentos de costos producto de buscar incrementos marginales de producción a cualquier costo, costos que son difíciles de revertir a futuro cuando los precios decaen; y ii) ineficiencias en la asignación y uso del capital, financiando proyectos que son de baja rentabilidad o acelerando proyectos que no tienen los niveles de ingeniería para iniciar construcción, los que usualmente terminan en sobrecostos”.

Ineficiencias, costos, productividad

El académico en minería de la UC resalta que, en un contexto actual, de precios elevados en el cobre, hay riesgos de ineficiencias/aumentos de costos, además de riesgos de una ineficiente asignación y uso de capital. 

“También en períodos de precios altos aumentan los esfuerzos de terceras partes o grupos de interés por capturar parte de las rentas mineras excepcionales, lo que también es difícil de revertir cuando bajan los precios”, apunta. 

Añade que, en este sentido, “las dos más usuales son requerimientos de incrementos salariales y bonos por parte de sindicatos y trabajadores; y mayores impuestos y otros tributos por parte de gobiernos locales y nacionales; y también gasto social por parte de las comunidades”.

¿Se mantienen los riesgos para la productividad, en el sentido de que estos precios podrían generar una menor presión para ser eficientes?

Los riesgos siguen siendo los mismos. Sin embargo, la industria aprendió bastante con el súper ciclo de los años 2004 a 2012, en donde se cometieron muchos errores asociados a estas temáticas. Hoy la mayoría de las empresas tienen programas de asignación de capital basados en rentabilidad y eficiencia; y tienen un mucho mayor control de costos. Esto ha implicado que, a pesar de tener precios atractivos en los últimos años, los costos no se han disparado como en el ciclo de precios altos previo. Y cuando ha habido alzas en años puntuales, las empresas las han logrado revertir en gran parte.

¿Cómo suelen reaccionar los proyectos mineros, en términos de ejecución, frente a ciclos como este?

En estos períodos las empresas intentan acelerar la ejecución de sus proyectos, para tratar de aprovechar el ciclo positivo de precios. No obstante, esto usualmente trae consecuencias en la eficiencia del gasto, generando sobrecostos, y usualmente estos esfuerzos tampoco terminan en plazos menores de entrada en producción. Además, al existir varias empresas en la misma situación, esto produce presión y alta demanda en las empresas de ingeniería y contratistas, lo que incrementa los impactos negativos en la ejecución de proyectos y la captura de valor por parte de esas terceras partes.

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A nivel local y global

¿Cómo podría afectar esto la relación de las empresas con sus trabajadores y organizaciones sindicales?

Creo que es natural que los grupos de interés busquen participar de los beneficios que se generan por períodos de bonanza o precios altos. En particular, sindicatos y trabajadores. Sin embargo, es importante que estos actores entiendan dos cosas: i) el carácter transitorio de estos períodos; y por tanto, que los beneficios asociados a ello también deberían ser transitorios y no afectar la productividad de las operaciones; y ii) que estos períodos son importantes para que el negocio minero sea atractivo, ya que es un negocio de alto riesgo que requiere un buen nivel de rentabilidad para atraer inversión y sostenerse en el tiempo, y extraer todos los beneficios de estos períodos de altos precios implica que no haya inversión a futuro para capital de sustentación o para invertir en expansiones o en nuevas operaciones. 

Esta es la misma lógica de los impuestos específicos y royalties a la actividad minera, los países o jurisdicciones pueden cobrar mayores tributos durante períodos de precios altos, pero no pueden ser demasiado altos si no desincentivan la inversión y la actividad.

¿Cómo se equilibran estos precios positivos con las presiones globales que enfrenta el sector, particularmente por combustibles y ácido sulfúrico?

Aquí hay dos elementos. Primero, que estamos viendo algo inusual en donde tenemos precios altos de combustible, que usualmente implican inflación y desaceleración económica e industrial, lo que a su vez impacta a la baja a los precios de los commodities industriales como el cobre en forma temprana, con precios excepcionalmente altos de cobre. 

Esto posiblemente se debe al efecto de contrapeso que ha generado la descarbonización y electrificación como respuesta a esta crisis energética, lo que incrementa la demanda de cobre, y por tanto, aumenta los precios. Además, esto ha coincidido con un período de estrechez de producción por varias razones: retraso en entrada de proyectos, operaciones relevantes con problemas productivos, entre otros.

El segundo elemento es que los altos precios de los combustibles y el ácido sulfúrico impactan los costos de las empresas mineras. Para ello, la industria genera planes de contención de costos y eficiencia, intentando controlar esas alzas. No obstante, el saludable margen operacional que generar estos precios altos deberían permitir enfrentar estas alzas sin mayores inconvenientes. Por tanto, la mayor preocupación actual, en particular con el ácido sulfúrico, no tiene tanta relación con el alza de precios, sino con la disponibilidad física de éste para los procesos productivos.