Permisología es el término usado para referirse a la burocracia que rodea a la tramitación de proyectos e inversiones, con efectos en sectores como la infraestructura, minería, industria o el mercado inmobiliario.
En este último punto, la permisología se visualiza en la cantidad de tiempo que toma entre que se ingresa y aprueba los anteproyectos, permisos de edificación y recepciones, alargando en cientos o miles de días la tramitación de proyectos o soluciones habitacionales.
Considerando esto, la consultora Colliers analizó las 20 comunas más pobladas de la región Metropolitana, revelando cuáles tardan más en aprobar nuevos permisos y cuáles tardan menos.
Las comunas que más tardan en aprobar proyectos inmobiliarios
La comuna que lidera es Conchalí, con 2.532 días promedio, unos 52 más que el año anterior. Le sigue Macul con 2.427 (+198) y Estación Central con 2.335 (+250).
Por el otro lado, está Renca, Las Condes y Colina con 1.320, 1.395 y 1.463, con las dos primeras restando 90 y 100 días, respectivamente, a sus resultados del año anterior, mientras que Colina anotó solo cinco días más frente al promedio de 2025.
Ñuñoa destacó por ser la zona donde más tiempo aumentó la tramitación del conjunto de anteproyecto, permiso de edificación y recepciones. En 2019, el promedio era de 1.962 días, mientras que en lo que va del año, la cifra subió 274 días hasta 2.236.
Esta permisología no solo afecta a las constructoras, sino que tiene impactos directos en el valor de las viviendas.
Así, lo señaló Jaime Ugarte, Director Ejecutivo de Colliers: “Estimamos que solo debido a los excesivos plazos que toman las municipalidades para las aprobaciones, el valor de las viviendas ha aumentado en 10,1%, haciendo más difícil el acceso a la vivienda propia”.
Otro punto que han remarcado desde el sector financiero es el desfase entre el crecimiento en los precios de las viviendas y el incremento de los ingresos de las familias.
Según la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif), entre el 2002 y 2023 el Índice de Precios de la Vivienda subió 170%. En paralelo, los ingresos reales de los hogares -es decir, ajustados a la inflación-, crecieron solo un 57%.



