Se acabó el boom: por qué la caída del turismo de compras argentino golpea al comercio chileno

Durante 2024 y 2025, el retail nacional vivió un apogeo, con miles de argentinos que cruzaban la cordillera para comprar en Chile, aprovechando una diferencia de precios y el acceso a productos que en Argentina no conseguían.

Vestuario, calzado, tecnología y electrodomésticos se convirtieron en los grandes beneficiados de un flujo que llegó a ser récord. Hoy esa marea bajó, y el comercio vuelve a mirar de frente la debilidad del consumo interno.

En 2025 llegaron a Chile cerca de 2,8 millones de argentinos, mientras que en 2024 la cifra bordeó los 2 millones, un récord comparado con el flujo de entre 1 y 1,5 millones anual de años normales. “No es la primera vez que ocurre algo así”, dijo Bernardita Silva, gerenta de Estudios de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (CNC), en conversación con BioBioChile.

La ejecutiva recordó que entre 2016 y 2017 ya se había registrado un episodio similar, con un fuerte ingreso de consumidores argentinos que benefició los resultados del retail.

Alejandro Urzúa, analista económico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y de OpenBBK, coincide con Silva en que no se trata de un fenómeno inédito, ya que los flujos de compra entre ambos países históricamente han respondido al tipo de cambio y a las diferencias de precios.

Sin embargo, dijo a BioBioChile que la magnitud de 2025 fue excepcional: nunca antes se había visto un volumen tan alto de argentinos viajando de forma masiva para comprar bienes durables, electrónica o vestuario durante un período tan prolongado. A su juicio, lo ocurrido combinó un peso argentino relativamente fortalecido, una mayor apertura económica y diferencias de precios muy marcadas, un cóctel que hoy se disolvió casi por completo.

Ese ingreso masivo, explicó Silva, dejó una base de comparación mucho más alta y hoy el retroceso se nota con claridad: entre enero y junio la entrada de turistas argentinos a Chile cayó un 40% interanual.

“Es un fenómeno que favorece cuando sucede, y golpea la base de comparación cuando se va”, afirmó. Una lectura que Urzúa comparte casi en los mismos términos: “Es una buena lección para el comercio: no conviene planificar inversiones permanentes sobre la base de fenómenos transitorios”.

Los sectores más afectados

El impacto de esta caída, precisó Silva, se concentra en el comercio minorista de regiones como La Araucanía, Valparaíso y la Metropolitana, particularmente en categorías como vestuario de marca, calzado, tecnología y otros bienes durables. Urzúa pone el foco en los malls de Santiago y de ciudades cercanas a pasos fronterizos, y agrega un flanco que la mirada regional de la CNC no había puesto en relieve: hoteles, restaurantes y otros servicios asociados al turismo de compras, también golpeados por la baja del flujo argentino.

Según el economista de la UNAB, el problema de fondo es que muchos comercios incorporaron esa demanda extraordinaria como si fuera permanente, cuando en realidad respondía a una distorsión cambiaria que ya prácticamente desapareció, dejando a esos negocios expuestos justo cuando el consumidor chileno vuelve a ser, casi en solitario, el sostén de las ventas.

La debilidad del consumo interno

Los dos entrevistados fueron enfáticos en que la desaceleración del comercio no responde únicamente a la salida de los argentinos. Silva enumera un consumo de los hogares más restrictivo, un mercado laboral debilitado, una tasa de desempleo alta y una confianza del consumidor deprimida por las expectativas de inflación, factores que se reflejan en que el comercio presencial de la Región Metropolitana creció apenas 1,5% en mayo y acumula un magro 0,4% entre enero y mayo, muy por debajo del 2% que registraba en igual período del año pasado, cuando el boom estaba en su punto más alto.

Al pensar en las variables que pueden determinar si el consumo logrará recuperar fuerza en los próximos meses, Urzúa coincide en que, mientras no haya una recuperación más sólida del empleo y de los salarios reales, el gasto seguirá contenido, y en que la confianza de consumidores y empresas es clave, porque la incertidumbre suele traducirse en la postergación de decisiones de gasto importantes.

A esas dos variables, agrega otras dos: las tasas de interés, que de seguir a la baja abaratan el crédito y favorecen la compra de bienes durables, y la inflación, cuyo control mejora el poder adquisitivo de las familias.

“El comercio chileno ya no puede esperar que un tipo de cambio favorable traiga consumidores desde el otro lado de la cordillera”, resumió en conversación con BioBioChile, para quien el crecimiento del sector volverá a depender de fundamentos internos como el empleo, los ingresos, el crédito y la confianza.

La vuelta a la normalidad

Tanto desde la CNC como desde la UNAB, la lectura converge en que el fin del boom no debe entenderse como un mal síntoma en sí mismo, sino como un regreso a la normalidad. Lo excepcional fue que millones de personas cruzaran la frontera con el único objetivo de llenar maletas y volver el mismo día; lo normal es que el desempeño del comercio responda al comportamiento de la economía local y no a una distorsión cambiaria que, por definición, es transitoria.

El turismo de compras no tiene un rol determinante en el crecimiento del país, dado su peso acotado sobre el Producto Interno Bruto, pero el próximo ciclo de crecimiento deberá construirse sobre una base mucho más exigente, la del propio consumidor chileno.

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