El cierre del Paso Internacional Los Libertadores desde el 14 de julio mantiene afectado el tránsito entre Chile y Argentina, interrumpiendo uno de los principales corredores terrestres para el intercambio comercial y el desplazamiento de pasajeros entre ambos países.
La medida impacta especialmente a quienes utilizan esta ruta para el transporte de carga y las conexiones entre la zona central de Chile y la provincia de Mendoza.
La suspensión de este tránsito se produce en un contexto en que las condiciones de la cordillera pueden dificultar la circulación y obligar a las autoridades a priorizar la seguridad de los usuarios.
La decisión implica mantener detenidos los vehículos que buscan atravesar la frontera, mientras se evalúa la evolución de las condiciones para determinar cuándo será posible reabrir el complejo fronterizo.
Repercusiones económicas del cierre del Paso Los Libertadores
El Paso Los Libertadores es un punto estratégico para la actividad económica entre Chile y Argentina, debido al importante flujo de camiones que movilizan productos entre ambos mercados.
Por ello, cada cierre puede generar efectos en los tiempos de traslado y en la logística del comercio bilateral, particularmente cuando la interrupción se extiende por varias horas o jornadas.
Desde Wisetrack, empresa de logística ligada al transporte y otras áreas, comentaron que “combustible, horas de trabajo, seguridad de la carga, cadena de frío y mayores emisiones” son algunos de los costos que se acumulan mientras los camiones permanecen detenidos.
Las pérdidas asociadas a esta paralización se estiman en cerca de US$200 millones y más de 2.000 camiones permanecen varados en territorio argentino a la espera de la reapertura.
La magnitud del problema se explica por la importancia estratégica de este corredor: más del 70% de la carga terrestre entre Chile y Argentina transita por Los Libertadores.
“Cuando un camión se queda detenido varios días, no sólo tenemos un problema de tiempo. La empresa necesita conocer dónde está el vehículo, cuánto lleva detenido, cómo está la carga y qué costos está acumulando. Mientras más se extiende una interrupción, más difícil es tomar una decisión sin información”, explicó Rodrigo Serrano, VP Corporativo de Innovación y Desarrollo de Wisetrack.
Uno de los puntos más sensibles son las cargas que requieren temperatura controlada: mantener operativos los sistemas de refrigeración durante una espera prolongada implica mayor consumo energético y exige monitorear permanentemente las condiciones de los productos.
A eso se suma el riesgo de seguridad cuando vehículos y mercancías permanecen durante días en zonas de espera.
¿Esperar o buscar una ruta alternativa?
Frente a una interrupción prolongada, una de las decisiones más complejas es determinar cuándo conviene seguir esperando y cuándo resulta más eficiente redirigir el vehículo, apuntaron desde Wisetrack.
“Una ruta alternativa puede significar cientos de kilómetros adicionales y mayor consumo de combustible, pero, dependiendo del tipo de carga y la duración del cierre, podría resultar menos costosa que permanecer detenido”, analizó la empresa.
La información en tiempo real permite comparar variables como ubicación, tiempos de detención, consumo, autonomía, condiciones de la carga y rutas disponibles.
“No se trata sólo de saber dónde está el camión, sino de estimar cuánto cuesta mantenerlo detenido versus cuánto costaría desviarlo. Contar con esa información permite transformar una contingencia en una decisión basada en datos y reaccionar antes de que los costos sigan aumentando”, señaló el VP de Wisetrack.
Por último, a todo lo anterior se suma el impacto ambiental: los vehículos que deben mantener sistemas en funcionamiento continúan consumiendo energía y generando emisiones sin que la carga avance, agregando otro costo a una paralización que ya se extiende por semanas.



