Chile está viviendo una primavera que parece haberse perdido el calendario, según los especialistas, por el fenómeno de El Niño Godzilla.
En pleno octubre, mientras deberían comenzar a instalarse condiciones más secas y cálidas, los sistemas frontales siguen avanzando sobre el país y dejan lluvias, viento y tormentas en zonas donde la temporada de precipitaciones normalmente comienza a quedar atrás.
Resulta que el océano Pacífico ecuatorial está extraordinariamente caliente y continúa calentándose. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) calcula que existe una probabilidad cercana al 100% de que El Niño permanezca activo hasta comienzos de 2027 y anticipa que podría alcanzar una intensidad “muy fuerte” hacia fines de este año.
Algunos pronósticos incluso apuntan a un episodio que podría estar entre los más intensos registrados desde 1950, y en Chile, sus efectos ya comienzan a sentirse.
El geofísico Francisco Lang, académico de la Universidad de Concepción, explicó a BioBioChile que las proyecciones para la primavera apuntan a “precipitaciones por sobre lo normal desde el norte hasta el sur”, especialmente entre Atacama y Los Lagos.
Es decir, las lluvias que están sorprendiendo durante estas semanas no serían un hecho completamente aislado. Pero ¿por qué un océano ubicado a miles de kilómetros puede cambiar el tiempo en Chile?
La explicación es relativamente sencilla. El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan mucho más de lo habitual. Ese enorme aumento de temperatura modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar los caminos habituales de las lluvias y los sistemas frontales.
Pero a eso se suma otro factor: el planeta está más caliente.
Al respecto, el geógrafo Alejandro Vial Latorre, de la Universidad de Santiago, sostiene que una atmósfera más cálida favorece una mayor evaporación del agua del océano, según detalla El País.
Por lo tanto, hay más humedad disponible en la atmósfera, lo que puede contribuir a episodios de precipitaciones más intensos, explica el especialista. Y así, el resultado es una primavera especialmente inestable, con cambios bruscos y eventos difíciles de anticipar.
La situación también tiene un efecto peligroso en la cordillera, pues las temperaturas más altas están elevando la llamada isoterma cero, por lo que en algunos episodios precipita en lugares donde históricamente habría nevado.
En vez de quedar almacenada como nieve para los meses siguientes, parte de esa agua baja inmediatamente por las laderas, aumentando el riesgo de crecidas, aluviones y deslizamientos de tierra.
Pero la gran pregunta ahora es qué ocurrirá cuando llegue el verano. Y ahí aparece el escenario que más preocupa: El Niño podría alcanzar su máxima intensidad entre octubre y diciembre.
Temperaturas sobre 40° en verano
Lang advierte que las temperaturas podrían quedar por encima de los promedios durante el verano en prácticamente todo Chile. El mayor riesgo estaría en los valles interiores del centro del país y en el norte, donde las temperaturas suelen ser más elevadas.
Segpun proyecciones meteorológicas del Senapred, recogidas por La Tercera, contemplan temperaturas extremas que podrían superar los 34°C e incluso sobrepasar los 40°C.
Eso significa más posibilidades de olas de calor, especialmente durante enero y febrero. El problema es que una primavera extraordinariamente lluviosa puede preparar el terreno para otro peligro: los incendios forestales.
Más agua significa más crecimiento de pastos y vegetación fina. Si después llegan semanas de calor y sequedad, ese material se transforma en combustible y el resultado puede ser paradójico: “Una primavera húmeda podría terminar aumentando el riesgo de incendios durante el verano”, dijo la Conaf.
El panorama tampoco termina en el centro-sur. En el norte, las lluvias estivales del invierno altiplánico podrían concentrarse en períodos breves y generar crecidas, desbordes y aluviones, según el mismo medio.
Por eso, el peligro del llamado “Niño Godzilla” está precisamente en la combinación de factores: un océano excepcionalmente cálido, una atmósfera más caliente y un fenómeno que podría alcanzar una intensidad extraordinaria.



