“Cada día de retraso niega el acceso a la salud de miles de personas”: Daneri y el llamado urgente a abrir el Hospital del Salvador

El ex presidente de COPSA advierte que la obra, adjudicada en 2014 y con más de un 95% de avance, enfrenta demoras que considera “social, política, económica y moralmente inaceptables”. Pide aplicar el mismo criterio de urgencia que rige para salvar vidas en la atención médica, para destrabar su apertura y atender a cientos de miles de pacientes.

En una columna en Ex Ante, el ex presidente de la Asociación de Concesionarios de Obras de Infraestructura Pública (COPSA), Leonardo Daneri, puso en evidencia un problema que se repite en la infraestructura pública chilena, pero que en el caso del Hospital del Salvador e Instituto Nacional Geriátrico alcanza ribetes críticos: cada día de retraso no solo incrementa los costos, sino que posterga —e incluso impide— el acceso oportuno a la salud de miles de pacientes.

El proyecto, que busca dotar a Santiago de un moderno complejo hospitalario con más de 600 camas y atención para medio millón de personas, se encuentra prácticamente terminado y sin fecha cierta de apertura. Pese a superar el 95% de avance, sigue atrapado en una cadena de trabas administrativas y decisiones postergadas. Daneri describe un historial de obstáculos que va desde cambios de criterio y descoordinaciones entre organismos públicos, hasta el impacto del estallido social, la pandemia y demoras inéditas derivadas de hallazgos arqueológicos, cuya gestión —sostiene— quedó entrampada en el Consejo de Monumentos Nacionales.

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Daneri advierte que, en infraestructura hospitalaria, las demoras no son solo una ineficiencia administrativa: son un golpe directo a quienes más necesitan atención. “Social, política, económica y moralmente, es urgente enmendar y revertir toda medida que esté frenando la puesta en operación de estas obras”, señala. Y agrega que la lógica de la ley de urgencia médica —que deja en segundo plano si la atención se realiza en un recinto público o privado cuando la vida está en riesgo— debiera aplicarse también a proyectos que, como El Salvador, tienen la capacidad instalada para salvar vidas pero permanecen cerrados.

Para el ex dirigente gremial, la ausencia de soluciones inmediatas refleja una desconexión entre las autoridades y la magnitud del problema. “Resulta incomprensible que quienes tienen en sus manos la búsqueda e implementación de soluciones no operen con la urgencia que la situación demanda”, afirma. En un contexto donde las listas de espera crecen y el sistema muestra claros signos de estrés, cada día perdido se traduce en más sufrimiento para los pacientes y en una deuda social que, advierte, se vuelve moralmente inaceptable.