El vino que se decidió en conjunto: la Región de Los Lagos marca un hito con su primera vinificación colectiva

Ocho viñas, distribuidas entre las provincias de Llanquihue y Osorno, se reunieron en la bodega de experimentación Quebrada Honda, en Pellines, para dar forma al primer vino colectivo de la región.

La Región de Los Lagos ha comenzado a consolidar experiencias vitivinícolas que confirman la viabilidad de producir vino en un paisaje dominado por la lluvia, el frío y suelos desafiantes. Sin embargo, lo ocurrido el pasado 28 de abril representa un paso distinto y significativo: por primera vez, el vino no solo se elaboró en este territorio, sino que fue decidido colectivamente.

Ocho viñas, distribuidas entre las provincias de Llanquihue y Osorno, se reunieron en la bodega de experimentación Quebrada Honda, en Pellines, para dar forma al primer vino colectivo de la región. Más que una vinificación conjunta, el proceso dio lugar a una experiencia de innovación abierta y colaborativa, donde el conocimiento no se transfiere de manera lineal, sino que se comparte, se discute y se construye entre productores, especialistas y el propio territorio.

En términos concretos, esto implicó algo poco habitual en la práctica vitivinícola: abrir la toma de decisiones. Cada elección —desde el estilo de vino hasta los insumos utilizados— fue fruto de una conversación. Las decisiones no respondieron únicamente a criterios técnicos definidos externamente, sino que emergieron de un espacio donde confluyeron diversas trayectorias productivas, experiencias y formas de comprender el viñedo.

Este hito se enmarca en la Consultoría Integral Vitivinícola en la Cuenca del Llanquihue: Suelo, Nutrición, Manejos Vitícolas y Vinificación, una iniciativa impulsada con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria.

En este contexto, la innovación abierta deja de ser un concepto abstracto para convertirse en un proceso tangible: un ejercicio donde el conocimiento circula se adapta y es apropiado colectivamente. Para ello, fue necesario articular saberes distintos, traducir información técnica y generar condiciones que permitieran la participación efectiva de todos los actores involucrados. Así, el conocimiento dejó de percibirse como algo externo y pasó a integrarse como parte del sistema productivo local.

Uno de los resultados más relevantes de este proceso es precisamente ese cambio de enfoque: el vino ya no es únicamente el resultado de decisiones técnicas, sino la expresión de una inteligencia colectiva en funcionamiento.

Producción

En ese diálogo también se definió el destino del vino. Por una parte, se elaborará un vino tranquilo de Pinot Noir, cuya primera expresión verá la luz en diciembre de este año. Por otra, se proyecta un espumante con base Chardonnay, cuyo desarrollo respetará los tiempos propios de su elaboración en climas fríos, con un período estimado de al menos 24 meses.

Este hito se enmarca en la Consultoría Integral Vitivinícola en la Cuenca del Llanquihue: Suelo, Nutrición, Manejos Vitícolas y Vinificación, una iniciativa impulsada con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria, orientada a fortalecer capacidades locales y promover procesos de innovación desde el territorio. A través de este programa de consultorías regionales, se ha buscado precisamente habilitar espacios donde la ciencia, la experiencia productiva y las condiciones locales dialoguen de manera efectiva.

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A lo largo de esta consultoría, los productores no solo han accedido a asesoría técnica, sino que han trabajado directamente con especialistas en sus propios predios, abordando condiciones reales de producción. El equipo ha estado integrado por el viticultor Pedro Izquierdo, el especialista en física de suelos Oscar Seguel, y el experto en nutrición vegetal José Ignacio Covarrubias, bajo la coordinación del enólogo Álvaro Peña Neira, quien lidera el proceso en su conjunto.

Este acompañamiento ha sido clave para sostener la innovación no solo desde la participación, sino también desde el rigor técnico. En este modelo, las decisiones colectivas no reemplazan el conocimiento especializado, sino que lo reinterpretan desde la realidad del territorio.

La bodega de experimentación Quebrada Honda se proyecta, así como un espacio estratégico: un laboratorio vivo donde el aprendizaje agrícola y enológico se activa, se prueba y se comparte. Un lugar donde la innovación no se diseña externamente, sino que se construye en la práctica.

En palabras de la directora ejecutiva de la asociación, Sandra Ríos Núñez, “los productores que hoy forman parte de este proceso provienen de mundos diversos —ganadería, agricultura y servicios—. Esa heterogeneidad no fragmenta, sino que amplía la base desde la cual se toman decisiones. La vitivinicultura, en este caso, no se instala como una actividad aislada, sino como parte de un sistema productivo que aprende colectivamente”.

El vino que comenzó a tomar forma este 28 de abril no busca estandarizar ni imponer un estilo único. Persigue un objetivo más desafiante: construir acuerdos en la diferencia, generar coherencia sin perder diversidad. En ese ejercicio, la innovación abierta deja de ser una metodología para convertirse en una forma de organización territorial.

En regiones emergentes del vino, el desafío no es solo producir vino, sino construir las condiciones para que ese vino tenga sentido y tipicidad. Lo ocurrido en la Región de Los Lagos no es únicamente una vinificación colectiva, sino la evidencia de que, incluso en territorios donde las condiciones son más complejas, es posible articular conocimiento, coordinar actores y tomar decisiones en conjunto para dar origen a una nueva vitivinicultura: una que no nace desde la tradición, sino desde la capacidad colectiva de construirla.

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