“Quizás Argentina logre alcanzar a Chile en unos diez o quince años, considerando lo que está sucediendo ahí, pero no lo sabemos”. La frase es del economista estadounidense David Friedman, hijo del Nobel de Economía y referente del liberalismo Milton Friedman, en una entrevista durante su visita a Chile, invitado por el director del Centro de Estudios Libertarios (CEL), Fernando Sagredo.
Friedman, que el próximo martes compartirá escenario con el presidente argentino Javier Milei en un encuentro que organiza el think tank de la extrema derecha Fundación Faro, planteó que con las reformas que se están produciendo en Argentina, el país podría no solo alcanzar a Chile sino convertirse en “un ejemplo de un país muy libre mercado”, al punto de que algún día “ustedes (Chile) puedan aprender de ellos, en lugar de que ellos aprendan de ustedes”.
BioBioChile consultó a economistas de ambos países para saber qué reformas le faltan a Argentina, y si es deseable convertirse en el ejemplo de libre mercado que imagina Friedman: Jorge Berríos, director académico del Diplomado en Finanzas de Unegocios FEN Universidad de Chile; Álvaro García Hurtado, doctor en Economía de la U. de California en Berkeley y exministro de Economía; y Martín Alfie, jefe de Área Desarrollo Federal del CFI y cofundador de Misión Productiva, desde Argentina.
El punto de partida
Los tres coinciden en el diagnóstico inicial que Friedman hace de la economía chilena, aunque con matices. Berríos sostiene que Chile ha sido “tremendamente exitoso en el tiempo gracias a la reforma del mercado de valores y a todas las reformas institucionales” y a la continuidad de ciertas políticas económicas. García Hurtado lo traduce en un número concreto: hoy Chile tiene una diferencia de ingreso per cápita de 14% respecto de Argentina, lo que implicaría que Argentina debería crecer un punto porcentual más que Chile por año durante 14 años para cerrar esa brecha. Alfie, desde Argentina, reconoce que Chile “está entre los países que mejores resultados puede mostrar a nivel región” tanto en indicadores sociales como macroeconómicos, mientras que Argentina “producto de las crisis macroeconómicas de los últimos diez, quince años, quedó un poco atrás”.
También acuerdan en la importancia de la estabilidad económica de Chile. Para Alfie es “el principal aspecto en el cual deberíamos intentar ser parecidos a Chile”: baja inflación, equilibrio fiscal, acceso al financiamiento y niveles de inversión altos. Berríos coincide en que ese manejo presupuestario “coherente y adecuado” es justamente lo que Argentina necesita para destrabar su potencial. García Hurtado lo plantea en los mismos términos cuando dice que Argentina necesita “terminar de ordenar la macroeconomía”, aunque advierte que es “un proceso complejo y difícil” que todavía le resta tiempo, y que debe equilibrarse con los efectos sociales que produce.
La meta de los diez años
Si Argentina puede alcanzar a Chile en los próximos diez años, existen disidencias entre los consultados. Berríos es el más optimista: para él, el plazo que planteó Friedman no sólo es realista, sino conservador. “Si Argentina hace las reformas que tiene que hacer, nos puede alcanzar inclusive en menos años”, dice, apoyándose en lo que describe como un potencial todavía sin desarrollar en minería, ganadería, agricultura, industria y turismo. Recuerda, además, que Argentina “fue una potencia mundial” en lo agrícola, lo industrial y hasta en la aeronáutica.
García Hurtado es más cauto y pone el foco en la persistencia. Dice que Argentina creció el año pasado más de un punto que Chile y que, probablemente, lo va a volver a hacer este año, pero hasta el momento no ve “una estrategia para que Argentina crezca de manera sostenida”. Si bien resalta que abrir mercados “es siempre positivo” —menciona las nuevas oportunidades en minería como un ejemplo saludable—, discrepa en que sea suficiente: “No hay muchos países que hayan crecido en el mundo solo a través de políticas de mercado”.
Alfie, por su parte, asegura que Chile “no tiene que ser un objetivo de Argentina”, porque el país cuenta con “capacidades industriales, científicas, empresariales mucho más diversificadas” que las chilenas. “Chile es un piso, no un techo al que pueda apostar Argentina”, resalta.
La sostenibilidad
Los tres economistas vuelven a encontrarse en la misma duda de fondo: la sostenibilidad. Berríos condiciona todo el escenario optimista a que la estructura interna argentina, “su mercado de valores, a las leyes, a su estructura interna respecto a la legislación”, le permita a Milei completar las reformas, y advierte que reestructurar el modelo económico, el marco legal y las finanzas públicas “no es un camino fácil” ni gratuito en términos de costos.
García Hurtado cree que Argentina será probablemente un ejemplo de libre mercado, pero no necesariamente porque ese modelo funcione, sino “por la escasez de otras opciones”. “No veo países en el mundo que, teniendo como única orientación de política económica la liberalización de los mercados y el ajuste macro”, hayan sostenido ese camino, dice, y considera que ambas medidas, aunque importantes, son “completamente insuficientes a partir de la experiencia mundial”.
Alfie reconoce avances en la baja de la inflación y el resultado fiscal, pero advierte que falta sostenibilidad social, y no solo política, como mejor empleo, mejores salarios, mayor oportunidad de progreso y consensos institucionales que trasciendan a una gestión. “Argentina debería recuperar el desarrollo de todos sus sectores, con un balance entre mercado y Estado más cercano al de las principales economías del mundo. Ningún extremo en ese sentido es positivo”, cierra.



