A principios de mes, durante su primera Cuenta Pública, el presidente José Antonio Kast recalcó medidas enfocadas en la vivienda, donde dijo ante el Congreso Pleno que “queremos que Chile vuelva a ser un país de propietarios, no de arrendatarios”.
Su administración presentará medidas que apuntarían a “reducir la burocracia para que se haga realidad el sueño de la casa propia”, junto con más programas habitacionales para la clase media” con fondos de garantía estatal.
En paralelo, por estos días el BancoEstado presentó el “Hipotecario Pro 2026” con tasa de 3,1%, apuntando a financiar 12 mil hogares y mejorar las condiciones de financiamiento al mercado inmobiliario para la clase media.
La campaña contempla plazos de pago de hasta 30 años para la adquisición de propiedades de hasta 4.000 UF, aplicando de manera transversal tanto para viviendas nuevas como usadas, y siendo compatible con los subsidios habitacionales vigentes.
Pero ¿qué requisitos clave están evaluando los bancos para otorgar los créditos hipotecarios? El pie disponible, la carga financiera y el comportamiento crediticio del solicitante son algunos de los factores que las entidades están analizando antes de aprobar el financiamiento para una vivienda.
“Es importante que las personas puedan entender los aspectos que influyen en la posibilidad de obtener un crédito hipotecario, esto en un contexto más favorable y donde hemos visto un renovado interés por invertir en departamentos, luego de que el Gobierno propusiera ampliar el alcance del DFL 2 a tres viviendas”, comentó Felipe Baquedano, gerente de Tecnología y Estudios de la plataforma Capitalizarme.com.
El pie
Uno de los primeros factores que evalúan los bancos al momento de analizar una solicitud de crédito hipotecario es el pie disponible, que corresponde al porcentaje del valor de la propiedad que el comprador debe financiar con recursos propios.
Generalmente, el monto exigido oscila entre el 10% y el 20% del valor de la propiedad.
“Mientras mayor sea el pie, menor es el monto del crédito que debe otorgar el banco y, por lo tanto, disminuye el riesgo de la operación. En muchos casos, además, un mayor pie puede traducirse en mejores condiciones de financiamiento o en una aprobación más expedita”, explicó Baquedano.
Dividendo y renta
Otro aspecto central en la evaluación de un crédito hipotecario es la relación entre el dividendo y los ingresos del solicitante o del grupo familiar. Este indicador, remarcaron desde la plataforma, busca determinar qué proporción del ingreso mensual se destinará al pago del crédito hipotecario una vez aprobado.
“En general, las entidades financieras recomiendan que el dividendo no supere el 30% de los ingresos, con el objetivo de asegurar que el pago sea sostenible en el tiempo. Superar ese umbral puede aumentar el riesgo de rechazo de la solicitud o limitar el monto del crédito que el banco está dispuesto a otorgar”, dijo el ejecutivo.
Carga financiera
Otro requisito clave es la carga financiera del solicitante, correspondiente al porcentaje del ingreso mensual que una persona ya destina al pago de deudas vigentes, como cuotas de créditos de consumo, pagos de tarjetas de crédito o créditos automotrices, entre otros compromisos financieros.
“Este indicador permite determinar si una persona puede asumir un crédito hipotecario con su nivel de ingresos actual. Aunque varía según la institución, en la industria existe consenso en que una carga financiera entre 25-30% es la necesaria para la aprobación del crédito hipotecario”, explicó el gerente.
Asimismo, las entidades financieras evalúan el comportamiento financiero previo para identificar señales de riesgo, como atrasos en pagos, uso excesivo de líneas de crédito o la contratación reciente de nuevos préstamos.
“Mantener un historial ordenado y evitar nuevos compromisos financieros antes de postular puede marcar una diferencia importante en el proceso de aprobación”, enfatizó Baquedano.
Estabilidad laboral y edad del solicitante
Además de los indicadores financieros, los bancos también evalúan la estabilidad laboral del solicitante. En general, las entidades financieras exigen una antigüedad mínima en el empleo —habitualmente de entre 6 a 12 meses— para acreditar continuidad en los ingresos y reducir el riesgo de la operación.
Asimismo, la edad del solicitante influye en el plazo máximo del crédito, ya que las instituciones buscan que el financiamiento sea pagado antes de una determinada edad, que suele situarse bajo los 79 años.
“En definitiva, lo que buscan los bancos es tener certeza de que el solicitante podrá cumplir con el pago del crédito en el largo plazo. Por eso es clave llegar al proceso con las finanzas ordenadas, con un nivel de endeudamiento controlado y demostrando estabilidad en los ingresos. Presentarse como una persona financieramente responsable puede marcar la diferencia entre que un crédito se apruebe o no”, concluyó Baquedano.



