Mientras Argentina celebra el mejor semestre exportador en años, Chile aparece como uno de los socios a los que mejor le está yendo en esa foto: es el cuarto destino de las exportaciones argentinas y uno de los pocos países frente a los que Argentina tiene, mes a mes, una balanza favorable. El dato cobra un peso relevante en un contexto en el que ambos países acaban de relanzar su agenda comercial y el Tratado Minero binacional.
En el primer semestre de 2026, Argentina exportó bienes por US$49.454 millones (+24,4%) e importó por US$35.531 millones (-3,9%), lo que deja un saldo comercial de US$13.923 millones, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Ese número compara con apenas US$2.762 millones registrados en el mismo período de 2025, es decir, un salto superior al 400%. En ese semestre, Chile le compró a Argentina US$3.280 millones (+1,1%), y es junto con Perú el principal comprador dentro del bloque Resto de ALADI, el bloque que agrupa a Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Panamá y Perú, es decir, los países de la ALADI que no integran el Mercosur, y la región con la que Argentina registró el mayor superávit de todos los que mide el organismo.
El impulso exportador estuvo liderado por las manufacturas de origen agropecuario (32% del total) y las manufacturas de origen industrial (27,1%), aunque el rubro que más creció en términos relativos fue combustibles y energía, con un alza semestral de 42,5% impulsada por Vaca Muerta —justamente el motor que, según los especialistas consultados, explica buena parte de lo que Chile le compra hoy a Argentina.
¿Dónde queda Chile en este mapa?
Entre los socios comerciales de Argentina, Chile ocupa un lugar destacado y, además, es uno de los pocos países con los que Argentina mantiene una balanza favorable de forma sostenida. Según el propio informe del INDEC, en el acumulado enero-junio 2026, las exportaciones argentinas hacia Chile totalizaron US$3.280 millones (+1,1% interanual), ubicando al país trasandino como el cuarto destino de las ventas argentinas, detrás de Brasil, China y Estados Unidos.
En el otro extremo del ranking, los mayores déficits de Argentina se registraron con China (-US$558 millones en junio) y con el Mercosur (-US$209 millones), mientras que India (US$593 millones) y Estados Unidos (US$31 millones) completan la lista de socios con saldo favorable para el país.
El relanzamiento, en julio, de la agenda comercial bilateral y del Tratado Minero binacional abrió una pregunta: ¿Es este superávit un flujo real y creciente, atado a proyectos concretos de energía y minería, o más bien un efecto de precios y estacionalidad que puede desinflarse?
Para Federico Rojas, profesor asistente del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, la respuesta hay que buscarla casi enteramente en un solo sector. “El superávit se explica principalmente por el fuerte crecimiento de las exportaciones energéticas argentinas, especialmente petróleo y gas provenientes de Vaca Muerta”, dijo a BioBioChile. La minería, en cambio, “todavía tiene un peso relativamente acotado en el comercio bilateral”, y a esa base energética se suman, en menor medida, la industria automotriz y algunos productos agroindustriales.
Es una lectura que calza con los números del propio INDEC: en el semestre, las ventas argentinas de combustibles y energía crecieron 42,5% interanual, más que cualquier otro gran rubro, de la mano de mayores despachos de petróleo crudo, carburantes y gas.
Rojas es además categórico sobre la secuencia temporal: el boom es anterior al tratado, no una consecuencia de él. “El crecimiento del superávit es anterior al relanzamiento del Tratado Minero. Los últimos datos del INDEC muestran que Argentina acumuló un superávit de casi US$3.000 millones con Chile durante el primer semestre de 2026, impulsado principalmente por las exportaciones energéticas. El tratado no explica ese resultado, pero sí puede profundizar la integración económica al facilitar inversiones y proyectos binacionales en cobre y litio”, señala, aunque advierte que esos efectos “deberían observarse en el mediano plazo” y no antes.
¿Qué falta, entonces, para que el intercambio dé el salto de lo comercial a lo productivo? Ahí el académico apunta a la logística más que a la política comercial: “El principal desafío es pasar de una buena relación comercial a una mayor integración productiva. Para ello va a ser clave mejorar la infraestructura de los pasos fronterizos y corredores bioceánicos, agilizar los procesos aduaneros y sanitarios, y avanzar en una mayor coordinación regulatoria para proyectos energéticos y mineros”, explicó a BioBioChile. Esos factores, dice, “van a ser determinantes para sostener el crecimiento del intercambio en los próximos años”.
Lo que dicen los precios
Los propios datos del INDEC dan otra pista sobre qué tan sólido es este momento: el índice de términos del intercambio —la relación entre los precios de exportación e importación— subió 2,7% en el acumulado del semestre, porque los precios de lo que Argentina vende subieron más que los de lo que compra. Solo en junio esa diferencia le significó una ganancia neta de US$345 millones.
Es decir, parte del boom exportador argentino —y, con él, del superávit con Chile— tiene que ver con precios internacionales de la energía más altos, no solo con más volumen. Con el Tratado Minero recién relanzado y los corredores bioceánicos como próxima prueba de fuego, la pregunta que dejan abierta los especialistas es si ese impulso energético alcanza para sostenerse cuando —o si— los precios se normalicen, mientras la integración minera todavía tiene, según Rojas, un camino de mediano plazo por recorrer.



